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Todavía retumban las palabras del Rey en la cumbre Iberoamericana. Aquella expresión, que nunca fue dicha en tan buen momento, manifiesta el sentimiento de muchos venezolanos y el de gran parte de la comunidad iberoamericana, entre la que nos encontramos los españoles.

El pasado domingo, los venezolanos dejaron abierta la única puerta que todavía les queda de libertad, y me alegro enormemente por ello. Pero no debemos dejar caer en el olvido la difícil situación que se está viviendo en muchos países de América Latina.

Empezando por Cuba y acabando en Bolivia, y como no, pasando por Venezuela, millones de latinoamericanos, están viendo como se coartan y se limitan sus libertades, bajo la excusa del "nuevo socialismo" o "socialismo del siglo XIX". Algo que más bien nos recuerda al totalitarismo comunista que años atrás padecieron los habitantes de la antigua URSS.

Cuando se trata este tipo de asuntos, mucho opinan que lo que está pasando en estos países es un problema interno, y como soberanos que son, debemos dejarlos que libremente resuelvan sus controversias. No les falta razón a quienes opinen así, pero dos cuestiones al respecto.

La primera. La falta de libertad, y la cada día más habitual persecución de las voces críticas con el régimen, debe ser una preocupación de todos los ciudadanos libres. La libertad es algo inherente a la naturaleza humana, y como tal debe estar presente en todos los ámbitos de las sociedades. En países como Venezuela, se están cerrando los medios de comunicación que no comparten la visión del régimen, y no digamos en Cuba, dónde por opinar de forma diferente al uniformismo comunista se encarcela a la disidencia.

Estos son tan solo dos ejemplos. Pero cuando existen lugares o ámbitos dónde la libertad no existe, o es un bien del que no gozan todas las personas, los que somos afortunadamente libres, tenemos la obligación moral de denunciar la falta de las libertades y debemos seguir una “lucha” que tenga por objetivo la expansión de la libertad a todas aquellas personas y rincones que en pleno siglo XIX aún no la disfrutan. Seguir y contribuir a la “lucha” que muchos ya han bautizado como “la revolución de la Libertad”.

La segunda. Desde los países occidentales no debemos contribuir ni afianzar a dictadores, ni a gobernantes cuyos planes sea la destrucción de las sociedades libres. El gobierno de Zapatero tiene como aliados a los máximos exponentes de dictadores y gobernantes cuyos principales planes es acabar con la libertad en sus respectivos países para acabar imponiendo férreas dictaduras comunistas. Este apoyo, que no sólo consiste en un apoyo político, sino también armamentístico (recordar la venta de armas a Venezuela, por parte del gobierno del PSOE, en concreto de Bono), hace flaco favor a los que desde dentro de esos países combaten por la libertad y el bienestar de sus sociedades, poniendo incluso sus vidas en riesgo.

Es por esto que creo, que lo que está pasando en estos países no es una cosa que debamos observarla desde la distancia, sino más bien como una cosa propia, ya que es nuestro gobierno, quien alenta a personajes de la calaña de Chávez o Castro. Es Zapatero, quien con tales amistades peligrosas está contribuyendo a la desestabilización de iberoamérica, y es nuestro presidente del gobierno quien está poniendo en jaque los intereses no sólo de nuestras empresas sino de millones de latinoamericanos.